sábado, 20 de junio de 2009

Desarrollo cognoscitivo

Enfoque Piagetano
Jean Piaget denominó a la niñez temprana, de los 2 a los 7 años. La etapa preoperacional porque los niños todavía no estan listos para realizar las operaciones, o manipulaciones, mentales que requiere el pensamiento lógico. La teoría de Piaget mantiene que los niños pasan a través de etapas específicas conforme su intelecto y capacidad para percibir las relaciones maduran.
Los niños preoperacionales pueden ser menos egocéntricos de lo que Piaget pensó.

En el período sensoriomotor (0 - 2 años), la inteligencia del niño se caracteriza por ser fundamentalmente práctica, ligada a la sensorial y a la acción motora. Los logros más destacados son el establecimiento de la conducta intencional, la construcción del concepto de objeto permanente y de las primeras representaciones, y el acceso a la función simbólica.
Durante el período sensoriomotor, el niño se relaciona con el mundo a través de los sentidos y la acción y, progresivamente, va logrando las siguientes conquistas:Establece relaciones entre objetos y actos.
Distingue entre medios y fines.
Se da cuenta de los resultados de sus acciones.
Desarrolla la intencionalidad, dirigiendo su comportamiento hacia metas cada vez menos inmediatas.
Gradualmente, el niño va progresando en las manifestaciones de la función simbólica (lenguaje, juego, imitación diferida, etc.). El pensamiento, a partir de los dos años aproximadamente, es preconceptual.


Limitaciones de pensamiento preoperacional.
El niño en la etapa preoperacional todavía no distingue claramente la realidad de la fantasía, en esta etapa son inmaduros intelectualmente de acuerdo con Piaget.
Centracion: los niños en la etapa preoperacional tienden a centrarse se enfocan en un aspecto de una situación, descuidan los otros y llegan con frecuencia a conclusiones ilógicas.
Irreversibilidad: la lógica preoperacional de los niños se halla limitada también por la irreversibilidad, la imposibilidad de entender que una operación puede ir en dos direcciones.El razonamiento transductivo. La educación va de lo general a lo particular, en cambio razonan por transducción: Van de una cosa en particular a otra sin considerar el asunto en general.
Egocentrismo: Es la incapacidad de ver las cosas desde el punto de vista de otra persona. El egocentrismo es una forma de centracion: estos niños están tan centrados en sus propios puntos de vista que no pueden considerar los de los otros al mismo tiempo. El egocentrismo no es solamente una limitación intelectual sino moral. Los niños en esta etapa tienden a tener sus propias reglas para los juegos o su conducta, e insisten en que son las correctas aunque no las sigan sino les convienen.
-Mi conclusión es que los niños hacen las cosas tal y como se las dicen o como les convenga mas. Los niños no diferencian entre la realidad y la fantasía por eso cuando ven la televisión y miran a los personajes haciendo cosas maravillosas ellos los quieren igualar pero no pueden. Viven en un mundo de fantasía y piensan ilógicamente.

Número
Contar es un proceso de abstracción que nos lleva a otorgar un cardinal como representativo de un conjunto. Gelman y Gallistel fueron los primeros en enunciar en 1978 los cinco principios que, a modo de estadios, ha de ir descubriendo y asimilando el niño hasta que aprende a contar correctamente:
Principio de correspondencia uno a uno o correspondencia biunívoca.
Trae consigo la coordinación de dos subprocesos: la partición y la etiquetación.
1. La partición consiste en otorgar la categoría de contado o no contado formando dos grupos entre el conjunto de objetos que se quieren contar. Esto se realiza generalmente señalando el objeto, agrupándolo a un lado o bien a través de la memoria visual.
2. La etiquetación es el proceso por el que el niño asigna un cardinal a cada elemento del conjunto, que se rige además por el conjunto de orden estable.
Los niños asignan un número a cada objeto desde los dos años, sin embargo cuando no dominan esta habilidad pueden equivocarse por ejemplo dejando sin contar algún objeto o por el contrario contando otros varias veces.
Principio de orden estable
La secuencia de números a utilizar ha de ser estable y estar formada por etiquetas únicas poder repetirse en cualquier momento para poder facilitar su aprendizaje a los niños. De este modo niños de muy corta edad son capaces de detectar muy fácilmente cuándo se produce una asignación completamente aleatoria en el conteo (p.e.: 2, 5, 3, 9, 24…), aunque les cuesta mayor dificultad si esta secuencia respeta un orden de menor a mayor (1, 2, 5, 6, 9, 10…). De este modo cuanto más se aleja la secuencia del orden convencional más fácil resulta detectar el error. Este principio se consigue en torno a los 3 ó 4 años. En edades anteriores cuando los niños cuentan asignan los número arbitrariamente o empiezan a contar por cualquier número (5, 8, 2…). 425465
Principio de cardinalidad
Se refiere a la adquisición de la noción de que el último númeral del conteo es representativo del conjunto por ser cardinal del mismo. Según Gelman y Gallistel podemos decir que este principio se ha adquirido cuando observamos:
1. que el niño repite el último elemento de la secuencia de conteo,
2. que pone un énfasis especial en el mismo o
3. que lo repite una vez ha finalizado la secuencia.
Según estos autores el niño logra la cardinalidad en torno a los dos años y siete meses y también según aquellos para lograr la cardinalidad es necesario haber adquirido previamente los principios de correspondencia uno a uno y orden estable. Sin embargo otros autores como Fuson ven la adquisición de la cardinalidad como un proceso más gradual en el que existe un estadio intermedio denominado cuotidad en el que el niño es capaz de responder a la pregunta de ¿cuántos elementos hay en…? pero no formulada de otra manera, como sería plantearle equivalencias entre conjuntos, por lo que para ellos este principio estaría completamente logrado en torno a los 5 años de edad.
Principio de abstracción
Este principio determina que los principios de orden estable, correspondencia uno-a-uno y cardinalidad puedan ser aplicados a cualquier conjunto de unidades, sea cual sea el grado de heterogeneidad de sus elementos. Según este principio el conteo puede ser aplicado a cualquier clase de objetos reales e imaginarios. De este modo los cambios de color u otros atributos físicos de los objetos no deben redundar en los juicios cuantitativos de los niños, que, habiendo logrado esta noción los contarán como cosas. Este principio lo adquiriría el niño en torno a los 3 años.

Compañeros imaginarios
La comprensión del universo de la infancia es una de las labores pendientes de muchas ramas de la ciencia, y en concreto de la psicología. La importancia de esta etapa, en la que el aprendizaje va a ir permitiendo adquirir todas las destrezas de los humanos, fue limitada inicialmente a sus componentes utilitarios: aquellos procesos que emulan los de los adultos, que ensayan y permiten adquirir las habilidades más complejas que nos permiten luego movernos por el mundo. En esta concepción, ya superada, recurrir al animismo como hacen muchos niños, es decir, crear seres imaginarios o dotar de personalidad a seres inertes (un oso de peluche u otro juguete) era contemplado como parte de una etapa en la que todavía no se diferencia adecuadamente entre lo real y lo imaginario, entre el mundo físico, objetivo, y el subjetivo de los procesos mentales.
De esta manera, desde Freud hasta Piaget (el gran innvador de la psicología de la infancia), estos amigos imaginarios eran parte, no indeseable sino más bien imperativa, de un desarrollo, que acabaría en torno a los siete años, cuando se consideraba que elniño debería ser capaz de diferencia ese mundo interno de lo imaginario del mundo real. Y los niños que seguían teniendo esos compañeros invisibles, pasaban a ser, casi, sospechosos de un cierto retraso en su desarrollo cognitivo.
Más que teorías científicas sobre la psicología evolutiva, realmente esta concepción mostraba más los prejuicios de los psicólogos adultos ante el valor del juego y de la imaginación y creatividad dentro de la infancia. Un panorama que ha ido cambiando en los últimos decenios y que, recientemente, gracias a nuevos estudios, ha quedado ya comletamente descartado. En las Universidades de Washington y Oregon se ha venido desarrollando un amplio estudio a lo largo de varios años, siguiendo la evolución de 152 niños durante la fase denominada de pensamiento intuitivo, entre los cuatro y los siete años de edad, dirigido por la psicóloga Marjorie Taylor, quien ya en 1999 había publicado el libro Compañeros imaginarios y los niños que los crean (Oxford University Press). En este libro avanzaba la idea de que estas creaciones personificadas tienen un valor más importante en el desarrollo de la personalidad, permitiendo al niño un desarrollo emocional y social en un entorno más seguro para él. No son por lo tanto un simple refugio del mundo real, sino un lugar de ensayo de habilidades que serán posteriomente puestas en acción en su vida. Igualmente, comenzaban a ver los psicólogos, esta fase no tenía necesariamente por qué circunscribirse a esa etapa previa a los siete años, sino que podría prolongarse a edades mayores, sin tener que ser consideradas como un problema psicológico, sino todo lo contrario.

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